Hola me llamo Isabel ahora tengo
38 años de edad y 6 de divorciada de mi marido por causas que no
vienen al caso. La historia que les voy a contar sucedió en las
vacaciones estivales del año 2008.
En ese tiempo mi hijo Enrique tenía
20 años. Les diré que mi hijo es una persona de lo más
cariñosa y comprensiva a pesar de su juventud cuando le propuse
irnos los dos solos de vacaciones a Benidorm. (Nosotros somos del norte
de España). Él no puso ni la más mínima pega
al contrario me dijo que los dos solos nos lo pasaríamos en grande.
(Nunca pensamos en lo que pasaría mas tarde).
Al llegar al hotel nos encontramos
que por una equivocación nos reservaron una sola habitación
cuando habíamos pedido dos pero como esta era grande y con dos enormes
camas no le dimos mayor importancia pues al mismo tiempo nos ahorrábamos
unas pesetas.
Después de comer decidimos
irnos a la playa y allí fue donde me di cuenta que mi hijo no hacía
más que mirarme. (Yo lucía un bikini negro que realmente
hacía resaltar mi figura pues todavía conservo unas muy buenas
medidas. 95 - 62 - 94) Le pregunté qué es lo que yo tenía
por qué no hacía más que mirarme y el muy colorado
me dijo que era por que nunca se había fijado en su mamá
y la miraba como la mujer más bonita y atrayente de todas las que
en la playa había a lo que le contesté que era un mentiroso
y me puse a pelearme con él en broma pero en uno de estos escarceos
sus manos fueron a parar a mis pechos y la sensación que sentí
fue como una descarga eléctrica. En el lugar en el que estábamos
no había prácticamente nadie por lo que nadie se fijaba en
nosotros, su boca buscó la mía y nos besamos como dos enamorados
en eso yo noté que su pene se había puesto a mil y eso me
volvió la cordura y rápidamente me solté de él
y me fui al agua. Él muy contrariado fue también y me pidió
perdón a lo que le contesté que no había pasado nada
y que simplemente fue la expresión de nuestro mutuo cariño.
Después de cenar me propuso
visitar las discos, en la tercera los dos nos pasamos un poco de copas
nuestros bailes se hacían más atrevidos a cada momento ya
no éramos madre e hijo en ese momento actuábamos como novios
el roce de su cuerpo empezó a despertar el deseo sexual ya por mi
largo tiempo olvidado pues hacía mucho tiempo que no sentía
nada igual.
En un baile muy lento estábamos
los dos totalmente pegados él tenía su pene al máximo
y con un movimiento me lo incrustó entre mis piernas yo comencé
a refregarme contra él y realmente podría dar la sensación
de que estábamos follando mi vagina estaba empapada y él
a punto de correrse. Por fin él me pidió irnos a una mesa
y nos situamos en un rincón apartado y bastante oscuro. Sin mediar
palabra me cogió por los hombros con su brazo izquierdo me atrajo
hacia sí y me besó como nunca lo hizo nadie, su lengua se
enroscó a la mía mientras su mano derecha se deslizó
bajo mi corta falda y comenzó una caricia enervante en el interior
de mis muslos me los apretaba dulcemente lo cual me producía un
cosquilleo indecible. Dejó de besarme en la boca e inició
con su lengua un recorrido por mi cuello, hombro y lóbulo de la
oreja lo que me excitó muchísimo mientras su mano estaba
ya sobre mis bragas acariciando mi conejito que estaba a mil.
Tuve que pedirle por Dios que no
siguiera pues yo ya no respondía de mis actos. Esto hizo que él
se serenara y como ya estaba amaneciendo decidimos regresar al hotel. Al
llegar a la habitación decidimos darnos una ducha y él fue
primero. Al terminar salió con un pantaloncito corto de pijama y
luciendo su maravillosa musculatura lo que hizo brotar flujos a mi desdichada
vagina, me fui corriendo yo también a la ducha y sin poder contenerme
introduje primero un dedo luego dos y hasta tres dedos en mi vagina haciéndome
una paja monumental, al no poder contener un grito mi hijo apareció
corriendo en el baño (Había dejado la puerta abierta) Al
verme de esa guisa él tampoco pudo contenerse se quitó el
pantalón se metió bajo la ducha y cogiéndome por la
cintura me atrajo hacia él, se cogió de mis tetas con su
boca y comenzó a chupar de mis pezones que estaban como piedras
succionándolos como cuando era un bebe. Su mano derecha se metió
entre mis piernas acariciando todo mi chochito me introdujo el dedo medio
en el interior mientras con el índice estimulaba mi clítoris.
En esto me dio la vuelta y en un movimiento certero me incrustó
toda su verga en mi interior. Mi chocho vio abrirse el cielo (Desde que
me separé de mi marido nunca estuve con otro hombre) a los pocos
segundos tuve un orgasmo monumental y Enrique se corrió como un
condenado llenándome con su esperma. Como el agua seguía
cayendo terminamos de ducharnos los dos y él me envolvió
en una toalla me tomó en sus brazos y me depositó sobre una
de las camas, con todo el cariño del mundo fue secando mi cuerpo
milímetro a milímetro mientras con su lengua seguía
el mismo recorrido que la toalla hasta que llegó a mi vagina la
cual ya estaba empapada con mis flujos. Su lengua comenzó una exploración
de arriba abajo y de abajo arriba dándole pequeños latigazos
a mi clítoris que estaba duro como un garbanzo. El placer que sentía
era superior a mí y después de haberme corrido unas tres
o cuatro veces estuve a punto de desmayarme. Él estaba a reventar
y retrepándose sobre mi vientre cogió mis piernas, las colocó
sobre sus hombros y apuntando su glande en la entrada de mi vagina de un
certero golpe la introdujo hasta el mismísimo útero. La follada
fue impresionante, comenzó un mete saca cadencioso muy suave con
movimientos de entrada salida estimulando cada recoveco del interior de
mi vagina al mismo tiempo mis músculos vaginales parecían
succionar su pene hasta que el orgasmo fue simultáneo nos corrimos
de una forma bestial y maravillosa él inundando mis entrañas
con su leche y yo soltando mis jugos a más no poder. Nos quedamos
los dos dormidos de inmediato los dos estábamos agotados.
Enrique despertó como a las
tres de la tarde y se quedó contemplando mi cuerpo desnudo y todavía
muy apetecible. (Yo seguía durmiendo) Estaba de espaldas a él
y él me acariciaba mis pechos suavemente los pezones respondieron
de inmediato se pusieron duros como piedras, comenzó a refregar
su pene por mi raja y como ésta todavía seguía empapada
su pene entró con suma facilidad. Me desperté un poco sorprendida
pero enseguida me acoplé a lo que en definitiva sería nuestra
futura vida. Desde ese momento desaparecieron de nuestro vocabulario las
palabras MADRE e HIJO.
A la vuelta de las vacaciones comprobé
que estaba embarazada teniendo a los nueve meses una preciosa niña
vivo retrato de mi misma. Lo que nunca sabrá la niña es de
que su padre en realidad es su hermano.
Enrique y yo fuimos hasta que la
muerte nos separó la pareja más feliz de la tierra.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario