Me llamo Any, tengo 18 años y estoy iniciando estudios de diseño
gráfico. Soy una chica simple... algo más desarrollada mentalmente para
la edad que tengo lo que me causa serios problemas de integración con
los chicos de mi edad... me parecen todos unos babosos y súper péndex.
Desde que tenía seis años practico patín artístico y natación en
competición. Llegué, sobre todo con el primero, a competir en varios
campeonatos internacionales y he dejado la competición pero sigo
practicándolos porque son mi pasión.
Siempre tuve una muy buena inserción en los grupos donde me tocó
integrarme porque mis padres me dieron una libertad basada en mi
capacidad de autoprotección. Pero esto, en un aspecto, no me hizo muy
bien... porque quedé descolgada en mis tiempos de mujer.
Ahora... me siento una mujer... (mis problemas de adaptación con los
péndex de mi edad son terribles)... y por otro lado sé que soy una
adolescente que ha empezado la tarea de iniciarse en el sexo con
bastante retraso.
Pertenezco a una familia de clase "medio media" (o partida por el
medio) mi padre, periodista, con su nueva mujer que me lleva nueve años y
mi mamá, escritora, con su joven amigo que cuando le paso cerca siento
cómo se me desatan solas las tiras de la tanga o se me paran los pelos
de mi nuca de cómo me mira... a pesar de que estoy acostumbrada a que me
miren... por tantos años de competir, bastante ligera de ropas.
Tengo un cuerpo armonioso con mis 1,75 m de estatura modelado con
los años de gimnasio. Muy linda cola, paradita y fuerte. Tengo, para mi
gusto, demasiados "pectorales" (94) pero a los chicos esto los pone
loquísimos... jijijiji He llegado al punto de no salir con los chicos de
mi edad, por no soportar a los babosos.
Mis inicios en las primeras erupciones volcánicas de mi sexo estaban
limitadas a mis propias caricias y las fantasías que fueron siempre el
plato fuerte de mi vida sexual adolescente.
Mi primer "antes y después" me ocurrió cuando tenía 15 años. Un ida,
después de un ensayo para una competencia mundial quedamos solos y
jugando inocentemente con Antonio, mi pareja de aquel momento en un
cuadro de patín danza (Antonio es, hoy, un declarado homosexual). Allí
tuve mi primer orgasmo. Después del ensayo, quedamos últimos en el
vestuario del club. De puro calentona me fui, desnuda, a espiar a
Antonio que se estaba duchando. Su cuerpo desnudo, su sexo espléndido,
su atlética figura me hicieron un efecto tal que mientras lo espiaba y
me acariciaba, me descuidé. Antonio se me apareció de golpe,
sorprendiéndome. Aturdida y sin saber que hacer, ni decir, solo se me
ocurrió pedirle, así desnuda como estaba yo y él también, que quería
hacer una practica "loca". Sólo por fantasear (y porque secretamente me
erotiza el cuerpo masculino desnudo) nos pusimos a hacer una practica
del cuadro que preparábamos, totalmente desnudos.
A medida que bailábamos cada vez que tocaba mi cuerpo desnudo con
sus manos, en mis entrañas se producía una tormenta eléctrica. Llegué a
un estado de lujuria tal que, en un momento dado, cuando íbamos rodando a
media velocidad, yo me senté en su rodilla derecha, mi sexo apoyó
fuertemente sobre su pantorrilla vigorosa y vibrante por el rodar de los
patines y mi excitación contenida explotó como un volcán. A partir de
allí mis orgasmos son como una droga para mí.
Mi confianza con Betina, mi compañera de competición y amiga
familiar desde nuestra infancia; y la autoprotección mutua que nos
brindábamos nos llevo a dos cosas. 1º) A examinar tanto y tan
meticulosamente las condiciones de cada parejita de novios que
formábamos que nunca llegamos a acostarnos con ningún chico (aunque he
llegado en una noche de apriete y música lenta a tener más de tres
orgasmos con solamente orientar a mi novio a las zonas terribles de mi
cuerpo: mis pezones, mi nuca y mis tobillos) y 2º) A tener sesiones de
caricias y orgasmos, desnudas, con Betina, en los hoteles donde paramos
cuando estamos compitiendo en el extranjero. La excusa era que estar
distendidas nos permite una mejor concentración en las rutinas.
Mentiritas, jijijiji.
Hace un par de meses chateando en elsitio.com conocí un veterano...
bien veterano, tiene 54 años. Como estoy acostumbrada al trato con tipos
grandes (los dirigentes que nos acompañan en los mundiales son
peligrosísimos), lo manejé... (lo manejamos, mejor dicho, porque las
primeras veces estaba Betina conmigo en la PC)... con cancha y tratando
de hacer calentar a un veterano que, me pareció, se creía muy pícaro.
Afortunadamente, resultó ser mucho más pícaro de lo que yo creía.
Un día lo fui a ver a un workshop de turismo en el Sheraton de
Buenos Aires. El Pocoseso (ese es uno de sus nicks en el chat) estaba
con cuatro chicas de mi edad que trabajan con él. El ambiente y la
situación me condicionó terriblemente y me recalenté con este veterano.
Me daba muy poca bola (a pesar que me fui vestida para infartarlo) y las
odiosas que trabajaban con el ese día me miraban con cara de culo y
cada cosa que le decían, parecía que lo mimaban.
Fuimos a cenar los seis a un lugar muy bacán de Puerto Madero (mama
estaba en Montevideo con su pareja) y después nos fuimos todos al Hotel
Panamericano donde paraban (son todos de una ciudad del interior). Luego
nos reunimos todos en su habitación. Pidió whisky para él y champagne
para las chicas (yo también, obvio). Después de un par de horas (no
estoy acostumbrada al alcohol) y tres botellas entre las cinco...
estábamos todas muy alegres. Mandó a las otras a dormir a sus
habitaciones: Yo temblaba (Betina dice que de la calentura, pero no,
eran nervios. La perdida de mi virginidad siempre me preocupó mucho). Se
dio una ducha y se puso la bata del hotel.
Nunca... lo juro, NUNCA creí que alguien podría hacerme llegar
tantas veces al orgasmo en unas horas... sin siquiera penetrarme. A
pesar de tener una erección descomunal que me aterraba (quizás por eso
no lo intentó siquiera) manejó mis zonas erógenas con una habilidad
increíble... Perdí totalmente el control pero creo haber llegado al
orgasmo, algunos de ellos realmente colosales, más de una docena de
veces. Yo debía volver a casa antes del amanecer por el llamado
telefónico de mi madre por la mañana... nos duchamos juntos (mi ultimo e
interminable orgasmo) y me llevo en un remise hasta mi casa.
Posteriormente almorzamos y cenamos juntos muchas veces porque él
viaja muy seguido a Buenos Aires. Pero siempre me trató con una
habilidad asombrosa para hacerme perder los miedos hasta llegar a ese
estado de calentura permanente que te hace, a partir de un momento
determinado, estar dispuesta todo, pase lo que pase. A sabiendas de que
me erotizan las descripciones minuciosas de actos sexuales, (en eso el
Pocoseso es un capo, antes de conocerlo personalmente llegué al orgasmo
más de una vez frente a mi PC) cuando cenábamos me contaba y describía
cosas que me hacían llegar al orgasmo, muchas veces en el mismo
restaurante, sin siquiera tocarme.
Hace un mes me llamó por teléfono para invitarme a un fiesta
particular en su ciudad y me mandó los pasajes para que viajara con mamá
o con una amiga. Lógicamente fui con Betina. Llegamos al aeropuerto y
nos esperaba una de sus colaboradoras que nos llevó a un espectacular
hotel. Él vino al mediodía, almorzamos y nos dio instrucciones y datos
para que conociéramos la ciudad y sus lugares más atractivos.
Nos pasó a buscar a las 22 y fuimos a una fiesta de primera
categoría. Alrededor de dieciséis parejas, más o menos, matrimonios en
su mayoría. Gerentes de bancos, dueños de empresas importantes, algunos
artistas, periodistas, etc.
Nosotras dos estábamos para el infarto (Fatiga como le dicen sus
amigos íntimos- me había recomendado el nivel de las pilchas, al
invitarme por teléfono). Betina con una microminifalda y microsoutiens
todo bordado brillante y sandalias trenzadas muy altas... ¡¡¡ casi en
cueros, va !!!... Yo con un vestido híper corto de gasa color piel,
trasparente, tomado solamente del cuello, con hombros y espalda
totalmente al aire. Debajo, sólo una minitanga negra, sin cola y
sandalias súper altas. ¡¡¡En cueros total, digamos!!! Jijijiji
El resto de las mujeres, debo reconocerlo, tenían pocas cosas
encima, pero ninguna por debajo de los 500 dólares, ¡¡¡un paquete!!!, en
resumen.
Yo, como siempre, sufriendo mis problemas clásicos; mis tetas que se
escapaban por los costados de un vestido de gasa muy liviana y mis
pezones que con el roce de la gasa, parecían una galletita de chocolate
con una aceituna negra en el medio.
El ambiente, genial. Las mujeres, muy piolas, sueltas, sin custodiar
a sus maridos. Supusimos con Betina que Fatiga se debe haber comido a
varias de ellas; por la forma dulce que lo tratan, por lo interesadas
que estaban en saber quién de las dos (o si las dos, alguna preguntó)
era la nueva adquisición de Fatiga. Además, por el trato cordial y
franco que nos daban a nosotras dos.
Los tipos ¡¡¡de locura!!!., empresarios, serios, pero con esa
habilidad para hacerte saber que si asentís con los ojos, sos boleta en
un segundo, jijijiji.
A mí me tuvo contra las cuerdas el ingeniero, capo máximo de una
empresa constructora italiana. Un tano mayor, medio peladito, al puro
estilo italiano del norte. Me hizo sentir una Diosa. Fatiga miraba desde
lejos, sonreía y me hacia señas que si no lo atendía... se la iba a
encarar a Betina... ¡¡¡el muy maldito!!!.
Demás esta decir que mi monte de Venus palpitaba a 180 pulsares por
segundo. Fuimos cinco veces a toilette con Betina, el bidet me
refrescaba la temperatura en mi sexo. Adentro de la casa estaba fresco,
por el aire acondicionado, pero en los jardines (era una casa quinta en
zona residencial) hacía un calor de locos.
A las 3 y media de la mañana se fueron casi todos y quedamos el
matrimonio dueño de casa (56-48), otro matrimonio más joven (40-35) muy
amigos de los dueños de casa; Fatiga (54) y las dos nenitas... Betina y
yo (18-18).
Propusieron darnos una zambullida en la piscina. Ahí fue donde se
empezó a complicar todo para mí. Estaba tensa como cuerda de violín y
súper caliente, lo que siguió, directamente ¡¡¡me mató!!!.
Los varones en slip, las mujeres en soutien y tanga. Betina y yo nada por arriba porque no teníamos. Empezamos a ......jugar, mujeres contra varones (4 contra 3) una especie de waterpolo.
Ocurrió que cuando alguien agarraba la pelota, se transformaba en rugby.
Como yo era una de las más altas, siempre la agarraba. Además, al
saltar la microtanga, encajada que estaba en mi cola, ni se movía. A las
otras, cuando saltaban, se les bajaba la trusa hasta las rodillas, con
los aplausos del caso.
Cada vez que yo agarraba la pelota y veía cómo se me venían los
varones, comenzaba mi delirio, me tocaban para sacarme la pelota y me
corrían 30 mil voltios por todo el cuerpo.
Salimos de la pileta y se me empezó a complicar aún más el panorama.
Aparecieron los toallones, nos secamos y con la mayor naturalidad todos
se sacaron la ropa mojada y se sentaron en los sillones del jardín
¡¡¡EN CUEROS !!! mamita querida. ¡¡¡qué momento!!!.
Marcos, el veterano dueño de casa, tenía un pene espectacular. Yo no
podía, o no quería, sacarle los ojos de encima. La mujer, Liliana, una
veterana con cuerpo de vedette, muy bien conservada, hablaba de las
aventuras de su juventud y como era de esperar, comenzaron todos a
hablar de sexo.
Yo miraba a Betina y me daba cuanta que temblaba, igual que yo, del
estado de excitación que teníamos. Nos hicieron declarar, muy
sutilmente, mi virginidad y la decisión de perderla y el reciente inicio
de Betina en el sexo como la gente, hace no mas de cuatro meses.
Cuando Betina empezó a contar sus inicios con el matrimonio mayor
con quien esta aprendiendo el sexo, la cosa se me puso difícil, porque
yo he visto videos de lo que Betina contaba y los recordaba.
Por otra parte, a los varones, por más que se hacían lo que "no pasa
nada", se les empezaron a despertar sus sexos. Cuando se paraban para
buscar más bebida, en la mesita ratona, sus penes se bamboleaban como
queriendo pararse... ¿me explico?. Mis ojos iban de aquí para allá, me
empezaron a retumbar los oídos, mis genitales eran lava liquida. ¡¡¡Any,
estás en estado terminal!!!, pensé.
La que estaba más inquieta que yo era la chica de la otra pareja,
Valeria. Se dieron un par de ardientes besos con su pareja. Ella se
sirvió más cerveza y se sentó en la falda de Mario, su marido.
Cada vez que se reía o comentaba algo, se movía sobre Mario y la
cara de éste era una suplica. Se levantó un par de veces a servir su
copa y yo vi que Mario se acomodaba. Me crucé de piernas apretando los
labios de mi vulva ¡¡¡me imaginé lo que venía!!! mi sexo empezó
palpitar, no me equivoqué.
Valeria se fue levemente agachada a la mesa que estaba frente a
ella, se sirvió llenando el vaso y retrocedió levemente agachada, pero
con las piernas un poco más abiertas ¡¡¡y se sentó arriba del falo de
Mario que le entró hasta el tronco!!!. Estaban tan cerca mío que escuché
claramente el ruido de la penetración en una vagina seguramente
inundada de flujos. Ese chapoteo apagado de una penetración violenta
hasta el fondo fue más fuerte que yo... y tuve un orgasmo que apenas
pude disimular.
Betina, mientras tanto, hablaba y el resto escuchaba. Valeria se dio
cuenta de lo que yo había visto y vio los espasmos contenidos de mi
orgasmo. Me miró con una sonrisa cómplice y me cerró un ojo. A pesar del
orgasmo, mi calentura ya era incontenible. Además se me notaba en las
tetas ¡¡¡no sabía qué hacer!!!.
Mario empezó a pasar la mano por la espalda de Valeria y ésta, que
tenía la verga en su sexo hasta los pelos, se quejaba muy, pero muy
suave. Miré la espalda de Valeria, a mi lado, con la piel totalmente
erizada, sentí la mano tierna y cariñosa de Fatiga en mi nuca y tuve
otro orgasmo que ya no pude disimular. Tuve dos o tres sacudones que lo
vieron todos.
Valeria y Mario se levantaron, pidieron disculpas, y se fueron la
dormitorio más cercano. Mario tenía una erección perfecta con la verga
brillosa de los jugos de Valeria. Nosotros, a propuesta de Fatiga,
entramos a la casa y nos sentamos en rueda en la alfombra peluda del
living. Desde la sala se sentían los quejidos y sacudidas de Mario y
Valeria. Yo creí que iba a enloquecer... ¡¡¡necesitaba tocarme!!!.
En un momento Valeria empezó a gritar. Nos levantamos todos y fuimos
hasta la puerta de esa pieza. Nos vieron pero no les importó, Mario
estaba tirado en la alfombra y Valeria arriba en cuclillas, hacia
flexiones tomándose de los tobillos de Mario, dándole la espalda,
digamos.
Mmmmm... recuerdo ese momento y me erotizo toda. Los cinco
totalmente desnudos, amontonados en la puerta de la habitación, las
respiraciones irregulares, las expresiones de asombro y de ponderación
de lo que estábamos mirando. Delante de mí Liliana tomó la mano de su
pareja y la llevó hasta su sexo, noté cómo abría sus piernas para que él
pudiera operar con comodidad. A mi lado Betina se masturbaba sin
miramientos.
Cuando fueron acercándose al orgasmo Valeria se sacudía como una
loca, gritaba, maldecía y sus quejidos parecían rugidos. Yo sentí que
Fatiga me tomaba suave y dulcemente desde atrás y dejaba que su sexo
quedara entre mis piernas. Tomó, desde atrás mis pechos con sus manos y
me dio un mordisco suave y húmedo en la nuca. Aún sin estar penetrada
tuve un gigantesco orgasmo que me hizo gritar sin importarme que los
otros que estaban allí junto a nosotros en la puerta.
No aguanté más, miré a Betina que me hizo un guiño cómplice. En ese
momento decidí que esa sería la primera noche de sexo de mi vida.
Suavemente me solté del abrazo de mi adorado y dulce veterano y
caminando por un pasillo entré a un dormitorio matrimonial. Encendí la
luz del maquillador y me senté en una banqueta a cepillar mi pelo largo
que ya estaba casi seco. Unos segundos más tarde entró en la habitación,
mi hombre. Muy sereno, bien varón, con una mirada dulce, pero
penetrante, que me daba seguridad sin quitarme las bestiales ganas de
que me poseyera. Lo veía decidido, pero muy tierno y sensual.
Quedó parado a pocos metros tomando serenamente su enésimo vaso de
whisky, pero estaba radiante. Se apoyó en la cómoda de forma tal que el
espejo le permitiera mirarme. Eso me erotizó aún más y empecé a sentir
ese cosquilleo hermoso en mi monte de Venus.
Peinaba suavemente mi largo pelo que me llega a tapar parcialmente
mis durísimos pezones. A través del espejo veo sus ojos encendidos que
miran mis rosados pezones que se asoman entre mi pelo rubio. Los shocks
eléctricos en mi espalda, en mi nuca, en mi sexo, me avisan que estoy a
punto de perder el control. Me muero por decirle que se acerque, pero no
quiero darle el mando de la situación.
Engancho deliberadamente en mi pelo el cepillo conque me estoy peinando, pego un grito suave y le pido que me ayude a soltarlo.
Se acerca y se para muy cerca, detrás de mí para ayudarme, lo miro
con una sonrisa cómplice. Siento que su sexo semierecto esta rozando mi
espalda, como acariciándola. No aguanto más, me doy vuelta y levantando
mi mirada lo miro a los ojos.
Mis ojos están húmedos de lujuria, de desesperación por sentirlo, de
angustia porque necesito dominarlo y obligarlo a hacer todo lo que me
hace falta desde hace mucho tiempo.
Demostrando inocencia e ingenuidad le muestro una uña de mi pie
derecho que la sandalia quebró en un traspiés. Se arrodilla frente a mí
Al cruzar la pierna, para mostrarle mi uña, mi sexo queda al descubierto
de su terrible humedad después de mis orgasmos anteriores. Se queda,
absorto, mirándolo. Cuando muerde el pedacito de uña para cortarlo
siento sus labios en contacto con mi piel y me corre un sacudón por todo
el cuerpo. Él se da cuenta. Mete el dedito de mi pie en su boca y lo
empieza a chupar suavemente... mirándome a los ojos. Mis ojos se
entrecierran, mi respiración que se acelera, una fuerza invisible que yo
ya no controlo empieza a separar mis piernas para que él avance por
dentro de ellas con su boca.
A medida que avanza con su lengua, sus besos, sus mordiscos en la
entrepierna provocan que mis caderas empiecen a moverse. Miro hacia
abajo los labios de mi sexo se están frotando en el tapizado peludo de
la banqueta que ya empieza a tomar algo de brillo con mi flujo vaginal.
Siento ese suave y hermoso aroma de emite una hembra en celo, que se
prepara a recibir al macho.
Llega a mi sexo. Siento su lengua suave, sedosa y tierna que toca
delicadamente mi clítoris. Mi orgasmo es incontenible, trato de
sostenerlo, de aguantar un par de minutos más. Cuando su lengua se
introduce en mi sexo lo tomo por la nuca, lo aprieto fuertemente contra
mi sexo y estallo en un orgasmo gigantesco, sublime.
Los sacudones de mi cuerpo no terminan, es uno detrás del otro.
Grito desesperada del placer que me hace sentir, me quejo casi al borde
del llanto por no tenerlo dentro mío.
Me tomo con mis manos de las rodillas y las pliego contra mi cuerpo.
Ahora me tiene absolutamente entregada para saciar su sed de sexo. Me
come literalmente mi vulva. Siento que esta bebiendo mis flujos de
orgasmo y lo que se corre hacia mi cola lo quita suavemente con la
lengua. Mis temblores, mis quejidos, mis gritos, no hacen más que
enardecerlo para comer con más desesperación mi sexo. ...Mmmmmmmmm...
por Dios... estoy bombeando los últimos borbotones de mi orgasmo y
empiezan las contracciones de mi vagina, ¡¡¡me siento morir!!!...
Levanto su cabeza y lo miro a los ojos. Miro su boca brillosa de mis
flujos y meto con desesperación mi boca dentro de la tuya. Paladeo el
gusto de mi propio sexo. Paso mi lengua por sus labios, no quiero que se
pierda nada.
Froto con fuerza mis pezones erectos en el vello de su pecho. Me
excita tanto esto que se ponen más secos y rígidos. Hago que se pare
frente a mí que estoy sentada, beso suave y castamente el lomo de ese
miembro que ya esta casi en su máxima erección, miro hacia arriba y
busco su mirada como suplicándole que me penetre para calmar mi
desesperación. Cerrando los ojos, con una leve sonrisa, me transmite la
sensación de paz necesaria para esperar y sospechar que tiene algo mejor
para mí que lo que mi desesperación pretende con urgencia.
Sólo mirar tu pene, una verga hermosa, me pone al borde del orgasmo.
La tomo con las dos manos, temblorosas de la excitación, desplazo la
piel lentamente hacia atrás y al mostrar totalmente el glande hinchado y
morado de la punta sale una gota de liquido transparente. Tomo mis pechos, uno por uno, y unto mis pezones doloridos y resecos por la
fricción con el vello de tus pantorrillas. Lo que esto me hace sentir,
él lo ve en mi cara que esta hacia arriba, la boca abierta, jadeante,
mis ojos húmedos, entrecerrados y suplicantes, mis suaves quejidos de
placer.
Tiemblo como una hoja, no puedo retener el segundo orgasmo, se me
está por escapar. ¡¡¡Dios mío...!!! quisiera que este momento durara
toda mi vidaaaaaaaa.
Me paro delante de él, paso mis manitas temblorosas por su cuerpo,
tiemblo entera ¡¡¡no lo puedo controlar!!!, estoy haciendo fuerza
desesperadamente para retener el orgasmo. Me calzo de nuevo las
sandalias, que son altísimas, para igualar su altura. Bajo su hambrienta
verga hasta la horizontal, levanto levemente mi pierna y pongo su
pedazo entre mis piernas, justo debajo de mi sexo y mi cola. Me duele la
fuerza que hago para no acabar.
Paso la mano por detrás mío, toco mi cola, allí está, asomando hacia atrás la cabezota de su verga.
Lo abrazo con desesperación, lo tomo de la nuca y me meto dentro de
tu boca. Él inicia la acción, me abraza fuerte, siento que tus potentes
brazos son como una tenaza de la que no puedo salir... Mi pubis avanza y
retrocede frotando mi sexo y mi cola en su sexo duro como una roca. Mi
clítoris se frota en el vello de su pelvis. Me pongo frenética, no lo
aguanto más ¡¡¡me sacudo como una poseída!!! chupo la saliva de su boca
como si fuera liquido vital y exploto en un orgasmo del que parece no
voy a poder salir nunca más. Grito como una loca, me quejo, lo puteo por
no estar dentro mío y me sacudo con más fuerza descontrolada.
Es tal la intensidad de la acabada que sigo con las contracciones
espasmódicas cuando lo hago acostar en la banqueta boca arriba. Sus
piernas cuelgan por una punta de la banqueta y la mitad de su torso por
la otra... está incómodo y debe hacer fuerza para mantener su cuerpo en
la horizontal, pero lo tengo a mi merced...
Su verga esta totalmente untada de los flujos de mi último orgasmo.
Camino con una pierna de cada lado de la banqueta hasta quedar justo
sobre ella. Lo miro a los ojos, le regalo una sonrisa de triunfo, ahora
voy a comer lo que más quiero.
Pongo el glande en la puerta de mi sexo, sé que esto es muy grande
para mí, me parece que no voy a poder. Pero mi desesperación me empuja a
seguir. Siento un poco de miedo. Pero mi locura es total.
Los labios de mi vulva hacen ruido con sus jugos cuando paso la
cabezota morada para que se lubrique y no me lastime. Siento que mis
jugos chorrean por mi entrepierna. Siento el olor de mi sexo, el del
suyo... y me erotizo al punto tal de sentir ganas de dejarme caer y
ensartarme aunque me reviente por dentro. Estoy totalmente loca.
Dejo la cabeza de su verga en la entrada de mi sexo. Siento cómo me
empieza a abrir, ese brutal barreno separa los labios de mi vulva y
comienza a penetrar... ssssss... me arde un poco... es que siento como
si me estuviera entrando un palo de fuego... sssssssssssss... ahora
duele... sostengo el cuerpo para no seguir bajando... pero me muero de
ganas... mmmmmmmm
Lo tomo de la nuca para que no haga tanta fuerza para mantener su
cuerpo horizontal... ssssssssss... eso me hizo bajar un par de
centímetros de golpe... ¡¡¡mi Dios!!!... me siento rellena... no me
puedo mover. Comienzo a sentir sacudones espasmódicos que no puedo
controlar. Sus manos en mis tetas me ponen del todo loca. No logro
aguantar el orgasmo, se me esté por escapar. Me salen sonidos guturales
de mi boca que yo no provoco. Me quejo porque me duele. Miro hacia abajo
¡¡¡Dios mío!!! recién entró la cabeza... no vamos a poder...
aaaayyyyy... mi vagina empieza a bombear un orgasmo gigante... grito
como loca porque siento que sale demasiado flujo... que me lubrica...
que los temblores me quitan fuerzas... que se me aflojan las piernas...
que me estoy ensartando cada vez más, sin querer... aaaaaayyyyyy... no
logro detener la penetración... mi orgasmo no para.... ¡¡¡me siento
morir...!!!.
Él se toma de mis hombros para erguirse y besarme los pezones, esto
acelera el proceso de penetración. ¡¡¡Es imparable!!! Me duele
muchísimo... me gusta con locura ... me agarro con las manos los
cachetes de mi cola y los abro para ver si duele un poco menos... es
peor... se acelera la penetración... grito y lo puteo porque me duele...
porque me siento empalada... porque me gusta... porque me vuelvo
locaaaaaaaa.
Estoy tan abierta de piernas que siento que sus huevos empiezan a
rozar mi cola... me excita hasta el paroxismo... me suelto del todo,
aflojo las piernas que me sostenían... siento que su monstruosa verga
sigue inexorablemente abriéndome las entrañas... ¡¡¡parece que no
terminara nunca de entrar, por Dios!!!... no lo puedo soportar, es como
una lanza caliente que me clava hasta la garganta... me retumban los
oídos... empiezo un orgasmo suave... una mezcla de flujo del orgasmo y
algo de mi sangre me suaviza el dolor... me quedo quieta sólo unos
segundos... siento palpitar tu verga dentro mío... estoy segura que no
entra nada más... lo abrazo fuerte y meto su cara entre mis pechos...
estoy toda mojada con el pelo pegado a mi piel... siento que mi vagina
sigue vomitando su orgasmo... me vuelve loca esto... cruzo las piernas
detrás de su espalda... la penetración se hace total... por
favoooooooooooorrr qué me está pasandoooooooo... lo miro a los ojos y
comienzo a moverme... los flujos y la sangre del desgarro me ayudan a
resbalar en su piel... me doy cuenta que no va a poder seguir reteniendo
su leche... mi lechita... por mucho tiempo más. Juro por Dios que mi
orgasmo sigue... ya no lo puedo parar maaaaaasssss... su verga me
revuelve las entrañas... me está rompiendo toda, lo estoy sintiendo, no
me importa si mientras tanto sigue este orgasmo por el que me dejaría
morir...
Tomo su cabeza entre mis manos, mojadas de sexo, miro sus ojos
implorante para que libere su preciado tesoro... jadeo en su cara... le
muerdo los labios... las orejas... meto mi lengua en sus oídos... le
muerdo el cuello... clavo mis uñas en sus hombros y comienzo a dar
empujones gigantes. UNO... Dame tu leche, hijo de putaaaaaaa... DOS
dámela yaaaaaa que me muerooooooo... TRES siiiiiii ahí empieza, lo estoy
sintiendoooooooo... CUATRO... aaaaaaaaaaayyyyyyyy siento los chorros de
semen caliente dentro mioooooooooooo... CINCO, mi orgasmo múltiple
entra en el clímax, el ruido de nuestros sexos es impresionante... seis,
siete ocho, nueve y massssssss y se transforma en una masa de sexo que
convulsiona hasta un temblor permanente... grito, imploro, me quejo,
lloro y me abrazo a él para fundirme en una sola cosa.
No sé cuánto tiempo pasa en esa extraña convulsión interminable. Sí
sé que tengo dentro un mar de semen que me calma el ardor y va atenuando
lentamente mi lava interior.
Me quedo quieta, siento que comienzan mis contracciones. Le estoy
ordeñando todo lo que queda de semen en su verga... Mi vagina chupa su
verga como mi boca su lengua y los labios... al apretarme con tus
tenazas en un abrazo fuerte contra su pecho, con tanto semen dentro mío,
siento que me está preñando... que me está echando semen dentro del
estomago... siento la cabeza de su verga en mi garganta y sus huevos
empujan mi cola mojada de semen, flujos y sangre.
Me toma de la cola y me alza como a un bebe.... esta dentro mío,
siento cómo palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan
empalada que sé que no voy a caer... es tanto el líquido que tengo
dentro que siento cómo chorrea por mi cola y mis nalgas.
Se sienta suavemente en la cama y lentamente se acuesta de espaldas.
Le pido, le ruego, que se mueva muy despacio. Pliego mis piernas a
ambos lados de su cuerpo y me acurruco arriba suyo.
No quiero que salga, lo beso suavemente en los labios. Me arden mis
labios, mis pezones, mi vulva pero me hace disfrutar aún más este
momento. Me siento muy cansada. Le pido que me deje quedar así, que se
quede dentro mío, descansando un ratito, sintiendo las contracciones
esporádicas de mi vagina que aprietan su verga, ahora suave y
soportable.
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