Mi nombre, no importa, mi edad es entre 30 y 40. Voy a contarles una historia real que empezó hace muchos años en México.
Tengo vagos recuerdos de cuando era niño, jugaba y me divertía mucho
con los hijos de mi tía. Ella tiene dos hijas mayores; Laura y Lorena.
Laura la mayor siempre fue la más bonita y sentía cierta atracción por
ella que en aquel entonces no reconocía como ahora. Pasábamos mucho
tiempo y nos queríamos como hermanos. Así fueron pasando los años hasta
el fatídico año de 1985, cuando el terremoto devastó la ciudad. Fue
entonces cuando todo cambió; mi tío español de nacionalidad, y catalán
de corazón, agente viajero de profesión se dio el susto de su vida
cuando se enteró. Él estaba de viaje, al llegar a la ciudad tuvo que
pasar por el centro de la ciudad que estaba en ruinas, y temiendo por la
seguridad de su vida tomó la firme decisión de de mantener su vida a
salvo y los llevó a vivir a su ciudad natal, apenas tuvimos tiempo de
despedirnos.
Así pasaron muchos años, hasta que la memoria empezó a hacer de las
suyas. Todo parecía un sueño, parecía que todo lo que había vivido de
pequeño era pura fantasía, pero no era así. Para entonces ya había
cumplido 18 años, aunque siempre había sido tímido, siempre me han dicho
que soy buena percha. Soy delgado, moreno claro y siempre me han
gustado los deportes por lo que tengo un buen cuerpo incluso ahora.
Entonces fue cuando me llegó una noticia que cambió para siempre mi
vida; -tu prima de España viene de vacaciones de verano. Lorena llega el
viernes al aeropuerto a las 7 de la noche y te toca ir por ella, eres
el único que esta disponible.
Ya había terminado la escuela y había decidido tomarme un año antes
de decidirme por la universidad a la que quería asistir, y lo más
importante, la carrera que debía elegir, por lo que tenía mucho tiempo
disponible.
Ante esta noticia que me agradó mucho, empezaron a caer en cascada
todos los recuerdos de mi infancia. Recordaba que Lorena no era bonita,
usaba unas gafas espantosas, era morena y flacucha, por un instante me
hubiera gustado que fuera mi prima Laura la que viniera, la recordaba
más bonita y prometía tener buen cuerpo. La verdad es que me di cuenta
de lo equivocado que estaba.
Por fin llegó el viernes, habíamos acordado que nos veríamos en un
restaurante que está ahí mismo. Yo estaba sentado mirando hacia la
puerta por donde llegan los pasajeros, esperaba encontrar una flacucha
de lentes y desgarbada con cara de españoleta y con muchas maletas,
cuando de pronto escuché detrás de mí: - ¿Luis? ¿Eres tú? Me sorprendí
al escuchar una voz muy melodiosa y al darme vuelta debo haberme quedado
con la boca por varios segundos, pues tuvo que continuar diciendo: - No
me reconoces ¡soy Lorena!! Una vez despierto de mi sorpresa me levanté
con gusto y le di un abrazo que todavía recuerdo ahora. Lorena se había
convertido en cisne, había desarrollado un buen busto, mantenía una
cintura envidiable, y apenas tuve tiempo, discretamente le vi el
trasero. No me decepcionó, tenía un trasero formidable. Ya no usaba
gafas, se había operado y no las necesitaba más. Llevaba el pelo corto a
un estilo muy europeo,
Así después de grandes abrazos por el reencuentro llegamos a casa de
la abuela donde le habían preparado una bienvenida. Así pasaron los
primero días y mis amigos estaban súper apuntados a salir con ella, sin
embargo ella siempre los rechazaba. Un día mi madre se acercó a hablar
conmigo y me dijo que tenía que pasearla, que yo tenía la
responsabilidad de hacer que se distrajera ya que como lo he dicho
anteriormente, yo era el que tenía más tiempo disponible. Mi madre
seguro no me vio muy dispuesto, así que como aliciente me dijo: -Aquí
tienes unas copias de las llaves del coche de tu papá y aquí tienes una
extensión de mi tarjeta de crédito, gasta lo que consideres, tu prima
tiene poco tiempo para estar en México así que no te limites, con tal
que ella esté lo más contenta que se pueda.
Los latinos tenemos fama de ser cariñosos con la gente, y esta fama
no es mal habida. Nos gusta que la gente se sienta en confianza, somos
muy cariñosos y muy temperamentales también. Así que me di a la tarea de
hacer que se la pasara lo mejor posible. Diario la recogía de casa de
una tía que era soltera y nos dedicábamos a pasear, a conocer parques,
centros comerciales, hasta fuimos a un concierto. Con la confianza que
nos teníamos no tenía pena de tomarle de la mano o de abrazarla de vez
en cuando, y ella hacía lo mismo. Nos empezamos a compenetrar mucho el
uno con el otro. Así siguieron los días y cada día esperaba ansioso el
siguiente día con la esperanza de verla, y me pasaba mucho tiempo antes
de dormir pensando a dónde la llevaría. En aquel entonces las películas
se estrenaban los miércoles, y decidimos ir a la última función después
de haber estado en un restaurante bastante elegante. Yo veía como
sonreía y como constantemente me miraba. Antes de que comenzara la
función me avisaron que dos de mis tías y mi abuelo se reunirían con
nosotros para ver la función, Así que decidimos esperarlos frente a las
taquillas con los boletos en las manos. Entre risa y risa de pronto
Lorena me dio una nalgada que siguió en carcajadas, sin embargo estas
carcajadas se convirtieron en silencio cuando segundos después de la
nalgada nos giramos para ver de frente a los familiares, que según yo,
no vieron nada, pude percatarme que ella se puso roja y le costó trabajo
recomponerse.
Ya dentro de la sala, nos tocó juntos a ella y a mí, quedamos hasta
el extremo pegados a la pared. Empezó la función y se hizo el silencio.
Ya habían transcurridos varios minutos y de pronto ella se volteó hacia
mi y me dio un beso en la mejilla, yo correspondí y le di un beso en la
cien, ella siguió el juego y me dio un beso cerca de los labios que
respondí con un beso muy tierno en los suyos. De pronto una voz me
interrumpió pidiéndome palomitas, giré a mi izquierda y si hubiera
habido luces me hubieran podido ver lo pálido que estaba, sin embargo,
mi tía tomó las palomitas y todo siguió como si nada hubiera pasado.
Después del cine no tocamos más el tema, un día en que salimos más
temprano de lo normal, después de comer en la calle decidimos pasar a mi
casa a descansar un poco y pasar la tarde tranquilos. Mi casa era un
departamento pequeño, había tres recámaras y una de ellas era la mía.
Cuando entramos me dirigí inmediatamente a mi habitación con el
propósito de cambiarme de ropa, de repente me di cuenta que ella me
había seguido y ahora estaba sentada en mi cama. Ella se tuvo que
levantar para que yo pudiera seguir cambiándome, sin embargo no salió,
al contrario, se puso a revisar mis cajones y encontró un libro de
poesía que yo había escrito, y que me daba mucha pena enseñar, entre
empujones y empujones le permití que lo leyera. Después de unos minutos
estábamos sentados en la cama comentando los poemas y saliéndose del
tema ella me dijo: -Siempre había querido ver tu cuarto, y me gusta
mucho lo que escribes. Yo estaba apunto de contestarle cuando me calló
con un beso, seguimos besándonos y acariciándonos. Ella llevaba unos
pantalones de ejercicio, y una blusa de botones sin mangas. Sus besos
despertaron en mí una inusual pasión, la abracé y de un tirón estábamos
los dos acostados en la cama, ella no dejaba de besarme, mi mano derecha
estaba desabrochando su sujetador por debajo de su blusa mientras mi
mano izquierda estaba tirándole hacia arriba con fuerza su tanguita.
Ella hacía lo suyo con sus manos desabrochando mi cinturón. En uno de
los jaleos su tanguita cedió y se rompió, me quedé con ella en la mano, y
sin chistar la arrojé, mientras mi mano se metía de nuevo por debajo de
su pantalón bombacho, una de sus manos me detuvo. Al fin un instante en
que despegamos nuestros labios, fue cuando me di cuenta como ambos
estábamos jadeando. Apenas logré articular: ¿Qué pasa? y ella me
contestó: -Nunca lo he hecho. Ella se asombró ante mi respuesta: -Ni yo.
Nos quedamos viendo por un segundo a punto de tomar la decisión, cuando
escuchamos la puerta, eran los pasos inconfundibles de mi madre, y el
sonido de unas bolsas. Yo que estaba más desabrochado me metí al baño, y
ella cogió un libro y se puso a hojearlo con carita de inocente. Cuando
salí, mi madre y Lorena empezaban a platicar dirigiéndose a la cocina,
miré a la habitación extendí bien la cama y las acompañé.
Al día siguiente tuvimos una agradable charla, ella estaba haciendo
planes para estar juntos pues quedaban apenas dos días antes de que
tuviera que regresar. Con el alma más tranquila le dije que estaba mal
que pensáramos en tener sexo, a mi pesar tendríamos que esperar. Ella
reaccionó dándome un enorme beso y me susurró al oído: -Te agradezco que
pienses en mí, y te prometo que en el futuro tendré la dicha de tenerte
dentro de mí.
Los siguientes dos días se pasaron volando, a penas tuvimos tiempo
de vernos. Las despedidas de todos los familiares, los regalos, hacer
las maletas, quedar con sus padres para que la recogieran a la vuelta…
Recuerdo como lloramos su despedida, la recuerdo subiendo unas escaleras
eléctricas, mientras sollozando les dice adiós a todos los que fuimos a
despedirla. Yo le entregué una carta diciéndole todo lo que la quería y
esperaba volverla a ver el próximo verano. Lamentablemente pasaron
muchos veranos para volverla a ver.
Nos escribimos durante un año, sus cartas eran siempre muuy largas y
contorneaba espacios que etiquetaba con la palabra “lágrima”.
Un día llorando su partida, abrí mi cajón en busca de mis poemas,
cuando lo abrí me llevé una agradable sorpresa: separando un poema que
había titulado “Te amo” estaba su tanguita rota, y al calce del poema
ella había escrito: “También te amo”.
Nuestra historia se convirtió en un secreto familiar con la
esperanza que de nuevo cayó en el olvido. Pero el destino no lo olvidó y
me tenía preparada una sorpresa.
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