Tendida
sobre la arena caliente de mi playa, mi deseo se inflamaba por momentos
al ver el cuerpo hermoso de una mujer situada a pocos metros de mi. Iba
acompañada de otra y me había fijado en ella porque estaban las dos
jugueteando a la orilla del mar, desnudas y espléndidas, tocándose los
pechos, echándose agua y riendo como si estuvieran solas.
La más hermosa de las dos se fue hacia su toalla, tenía unos pechos
grandes y firmes que se balanceaban suavemente cuando andaba. Se estiró
en la toalla, jadeando y chorreando el agua que descendía de sus
cabellos hasta sus pechos.
Se estiro boca arriba con las piernas abiertas y yo no pude evitar
mirarla pues la tenía muy cerquita, tanto que podía verle la vulva
sonrosada, apenas cubierta por un a línea de vello rubio. No podía
apartar la mirada de su raja, me daban ganas de acercarme a ella, abrir
sus piernas y hundir mi boca en aquel coño tan apetitoso que imaginaba
húmedo y salado.
De pronto empezó a llover, una lluvia fina que incitó a muchos a
marcharse, pero ella se quedó, sola, sin su amiga que se fue
malhumorada. Yo ya no paraba de pensar en ese cuerpo y veía en su
presencia y en la mía la señal de que estaba bien, que ella quería lo
mismo que yo.
Me armé de valor y me acerqué a ella. De cerca era aún más hermosa. Empecé a hablar con ella pero mis ojos me traicionaban,
fijándose en sus pechos sin apenas disimulo. Para mi sorpresa, ella al
darse cuenta sonrió, tomo mis dos manos y las acercó a sus pechos. Mis
manos los cogieron, como si doa manzanas se tratasen. Su tacto era
delicioso y no dudé, acerque mi boca a uno de sus pezones y empecé a
lamerlo y a succionarlo mientras mi otra mano pellizcaba el otro pezón
que se puso duro como una roca. Metí sus dos pezones en mi boca y los
succione a la vez sujetándolos con las manos. Ella empezó a gemir y para
entonces yo me había olvidado de que teníamos compañía, fui bajando por
su cuerpo y le abri las piernas suavemente. Me extasié ante la visión
de su coño perfecto, sonrosado con los pequeños labios dibujados y el
clitoris diminuto pero duro y suave.
Empecé a chuparla, mi lengua dibujaba cada pliegue de su coño, lo
succionaba, lo lamía en circulos, suavemente sin parar hasta que empezó a
correrse, segui chupándola mientras su coño se retorcia entre mis
labios y tuvo otro orgasmo que me llenó la boca de su flujo. Yo no podía
dejar de comérmela.
Los pocos bañistas que quedaban en la playa no daban crédito pero a mi
no me importaba más que el placer que le estaba dando a aquella mujer
desconocida. Cuando al fin nos calmamos, ella ,e besó en la boca y me
dijo que nunca había tenido sexo con otra mujer y que lo había
disfrutado mucho. Yo le confesé que era mi primera vez también, nos
dimos los teléfonos y nos prometimos llamarnos cuando nos apeteciera una
buena sesión de sexo lésbico.
Ayer recibi un mensaje suyo diciéndome " Esta vez te tocará a ti"...
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