Me gustaría compartir experiencias y fantasías incestuosas por mail . Soy Marina: lanena.marina32@gmail.com
El comienzo de mi hermano Pedro y yo, una helada noche de invierno.
Me llamo Marina y esto ocurrió hace muchos años.
Papá había muerto en un accidente de trabajo, y mamá estaba enferma
de cáncer. Sólo tenía a mi hermano y era un par de años más joven que
yo, que entonces contaba con 16 años. Cuando murió mamá, un año más
tarde, y para que no nos separaran a los dos hermanos, nos fuimos a
vivir con una tía-abuela, por lo menos hasta que yo cumpliese la mayoría
de edad. Yo estaba estudiando y por las noches trabajaba en un
periódico, limpiando, archivando cosas, etc., con lo cual me pagaba mis
estudios. Con el dinero que nos habían dejado mis padres, daba para que
mi hermano estudiara y para algo de ropa. Nuestra tía, también era
generosa con nosotros, por lo que no pasamos grandes apuros.
Cuando estaba a punto de cumplir los 18 años, la tía enfermó y murió
muy rápidamente. Tuve miedo de que separaran a mi hermano Pedro de mi
lado, pero como sólo me faltaba un mes para cumplirlos, no pasó nada.
Vivíamos en una ciudad muy pequeña y nuestra casa estaba en las afueras.
Era una casa aislada. Después de algún tiempo, una tarde entré en el
baño pensando que no había nadie y me encontré a Pedro, desnudo,
saliendo de la ducha. Los dos nos ruborizamos y de refilón, noté que a
él se le había levantado el pene. Luego a la noche, después de cenar nos
sentamos a ver la tele y Pedro me preguntó a ver si me había besado
algún chico. Yo le contesté que no y le pregunté a ver si él había
besado a alguna chica. Lo negó ruborizado, diciéndome que era muy
tímido, igual que yo. Entonces me contestó que si quería, podíamos
aprender juntos, viendo como lo hacían en las películas.
A los pocos días, vino con unas películas. Las había comprado en un
videoclub que cerraba el negocio. Trajo media docena de pelis, la mitad
pornos. Quedamos en que esa misma noche, empezaríamos a aprender.
Me contó que en clase, un doctor les había dado una clase de sexo.
Me contó cómo había que besar, cómo se excitaban los hombres y las
mujeres y se terminaba con el coito. Yo estaba nerviosa y después de
cenar, le tapé los ojos con un pañuelo y eligió una. Resultó una de las
pornográficas. Era un día de invierno, que aunque no llovía ni nevaba,
fuera estaba helando.
Pusimos el sillón lo más cerca del fuego posible, nos pusimos los
pijamas y nos sentamos en el sillón los dos muy juntos y con una manta
encima, para no enfriarnos. Empezó la peli y pronto noté que mi hermano
se estaba excitando por el bulto que le salía por debajo de la manta. Yo
notaba una humedad en el bajo vientre que me avergonzaba. Vimos toda la
película entera, y para el final, Pedro tenía su pene totalmente erecto
mientras yo estaba empapada. Nos quitamos los pijamas y empezamos a
tocarnos, por todo el cuerpo. Pedro era muy alto para su edad y más bien
delgado. Yo, aunque era también alta, tenía la constitución algo más
robusta que él. Juntamos nuestros labios y metió su lengua en mi boca.
Tenía una lengua muy suave y empezaron una pequeña lucha. Yo, mientras,
le acariciaba la espalda, el cuello, el pecho, con las manos mientras él
me acariciaba las tetas con las suyas. Notaba que se iban hinchando.
Luego, le hice tumbarse en el sillón y empecé a besarle el cuello,
las tetillas, fui bajando por el vientre y me metí su pene erecto en la
boca, tal y como habíamos visto, con la condición de que luego él me
hiciera lo mismo. Al principio no sabía qué hacer, pero empecé a pasar
suavemente la lengua por todo el pene. Pedro estaba totalmente
estremecido de placer. Finalmente se corrió en mi boca, ya que no tuvo
tiempo de salir. Se me hizo muy raro el sabor de su leche, pero me lo
tragué y me gustó. Luego, me tumbó sobre el sofá y empezó a lamerme las
tetas.
Entre beso y beso, me decía que le encantaba todo esto, luego siguió
bajando su boca por mi vientre hasta llegar a mi sexo. Yo estaba
totalmente empapada y me daba vergüenza pero él me decía que era porque
me excitaba con lo que él me hacía. Sentía su lengua por mi clítoris y
luego penetrando un poco en mi vagina. Exploté. Igual que yo, se tragó
mis jugos diciéndome que le encantaba. Como él ya estaba otra vez
empalmado, se puso encima de mí y me penetró. Yo grité de dolor y él se
paró. Luego, tal y como le habían dicho, empezó a moverse suavemente. Yo
notaba otras sensaciones muy placenteras, me estremecía y gemía de
placer. Cuando ya no pudimos más, él eyaculó dentro de mí, mientras yo
gemía y gritaba su nombre y me corría del inmenso placer que me daba.
Esa noche nos acostamos juntos en la misma cama, y a la mañana
siguiente volvimos a hacer el amor. Así, viendo películas, aprendiendo
de libros, etc, fuimos aprendiendo a nuestro modo.
Pasaron varios años y Pedro empezó a trabajar en la fábrica del
pueblo. Conoció a una chica y empezó a salir con ella. Yo a mi vez,
había conocido a un hombre que trabajaba en el periódico en el que había
trabajado en mis años de estudiante, y al cabo de varios meses tuvimos
una boda doble. Los dos hermanos nos casamos a la vez en la misma
iglesia. Tanto mi marido como mi cuñada, eran hijos únicos. Los padres
de mi cuñada vivían en otra ciudad, pero mi marido se había criado en un
orfanato. Como nuestra casa es enorme, nos pusimos a vivir las dos
parejas allí. Una vez, le conté a Marcos, mi marido cómo había aprendido
lo que sabía sobre sexo, y a su vez, Pedro le contó a Ana, su mujer,
cómo había sido nuestra primera vez. Posteriormente, una noche en que
estábamos cenando los cuatro juntos, Ana sacó a colación el tema.
Marcos, por su parte, dijo que no le importaría cambiar de pareja alguna
vez. Los cuatro estuvimos de acuerdo y después de cenar, Marcos cogió a
Ana por la cintura, mientras que Pedro me abrazaba. Hicimos el amor, y
fue fantástico. Luego, cada uno a su habitación con su pareja
respectiva, y vuelta a hacer el amor.
Ana y yo nos quedamos embarazadas a la vez. Yo estoy casi segura de
que fue esa noche, aunque ninguna de las dos sabe en realidad, quién es
el padre de nuestros primeros hijos auque no nos importa en absoluto.
Pedro y Ana tuvieron gemelos, una parejita. Marcos y yo un niño. En el
segundo embarazo, también con muy poco tiempo de diferencia, nosotros
tuvimos trillizos y los otros una niña.
Los chicos se han hecho mayores y sé que están liados los unos con
los otros. Siempre se han llevado de maravilla. Nosotros, los mayores,
seguimos cambiando de pareja a menudo. Desde esa primera vez, Pedro y yo
hemos aprendido mucho.
Espero que os haya gustado la historia.
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