La preferida de papá
por Valeria
Siempre fui la consentida de mi padre y ese día supe que nos atraía algo más que un amor filial.
Desde niña fui la preferida de papá. Éramos dos hermanas pero no sé
por qué razón yo siempre fui su consentida. Con el tiempo me di cuenta
de lo que atraía la atención de papá hacia mí no era su amor filial.
Tenía yo 18 años y estaba preparando una reunión de amigos en mi
casa. Asistirían todos mis ex compañeros del cole y algunos amigos de mi
hermana. Me encontraba en la cocina, horneando un pastel, cuando veo a
mi padre cruzar la puerta lleno de paquetes para la fiesta. Me dijo que
mi hermana y mi madre habían ido a la tienda de bebidas y que
aprovecharíamos que estábamos solos para "divertirnos un rato". Su
comentario me hizo estallar de risa, yo ya no tenía edad para jugar con
mi padre. Guardó las compras en el armario y de pronto, tomó una botella
de nata que yo había dejado sobre la mesa para decorar el pastel y sin
pensarlo un instante me llenó de nata la cara desternillándose de la
risa. En ese instante pensé que a eso se refería cuando habló de
"divertirnos", pero nunca pensé lo que vendría después. Empezó a lamerme
la cara y de repente sentí su lengua dentro de mi boca. Pensé que había
sido "sin querer", pero entonces me di cuenta de que sus lamidas no
eran inocentes porque ni siquiera intentó retirar su lengua, al
contrario, se apretó contra mí en un abrazo y me besó succionando mi
boca apasionadamente. Yo no cabía en mí de la sorpresa, pero entre
sorprendida y enojada por lo que mi padre me hacía, sentí un cosquilleo
bajar por mi espalda y advertí que estaba excitada. No lo sentía como un
padre en ese momento, sus caricias y sus besos eran las de un hombre
cualquiera así que respondí al beso y también lo besé.
Me agarró por la cintura y me sentó sobre la mesa de la cocina, sin
dejar de chuparme la boca y lentamente levantó mi falda y metió sus
manos entre mis muslos. La excitación me embargaba pero tenía mucho
miedo de que llegaran mi madre y mi hermana así es que apuré las cosas
bajando la cremallera de su pantalón. Con ambas manos saqué un pene
totalmente erecto, pero no me atrevía a mirarlo porque después de todo,
él era mi padre!! Con cierto apuro me sacó las bragas y bajó hasta mi
concha húmeda, metiendo su lengua dulce de nata , lamiéndome el clítoris
con toda delicadeza. Yo me abría de piernas para facilitarle la tarea y
mi corazón latía aceleradamente, de placer y de terror de ser
descubiertos.
Me incorporé haciéndolo a un lado amorosamente y me puse de espaldas
a él levantando el culo para que me metiera esa verga caliente. Me la
puso hasta que sentí sus testículos golpearme en las nalgas, toda
adentro, y empezó a moverse furiosamente mientras que sus manos
apretaban mis senos. Seguí su ritmo deshaciéndome en un orgasmo que
parecía interminable mientras mi padre gemía a mis espaldas. Sentí el
momento exacto en que eyaculó, derramando su jugo entre mis piernas.
Agotados por los últimos minutos de intensa calentura, quedamos unos
segundos en silencio, sin saber qué decir. Mi padre se subió los
pantalones y me alcanzó las bragas. Su mirada ya no era la misma con la
que miraba a su pequeña niña. Después de la fiesta en la que todos
tomamos mucho alcohol, ya acostada en mi cama en la penumbra, escuché la
puerta que se abría...pude ver la silueta de papá meterse en el cuarto,
pero esa ya es otra historia que les contaré después.
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